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¿Pasillo o ventana?

La elección no es sencilla. Cada viajero tiene sus preferencias. Elegir ventanilla supone poder relajarte viendo las nubes o conociendo la ciudad a la que te diriges desde otro punto de vista. Además, si quieres dormir, ninguna persona te molestará para que, por ejemplo, le dejes ir al servicio.

A las personas con miedo a volar ir sentados en la ventana, a veces, les gusta más ya que les ayuda a controlar y entender mejor los movimientos del avión. Escuchar esos ruidos mecánicos y poder ver que corresponden a los flaps desplegándose igual ayuda a sentirse más seguros y no pensar en un fallo mecánico.

También hay partidarios de elegir pasillo. Normalmente abundan entre los viajeros de negocio que, siempre con prisas, buscan salir del avión cuanto antes.  En pasillo cuentas con espacio para estirar las piernas y tienes menor sensación de estar encerrado, aunque recuerda: ¡cuidado con los carritos de los sobrecargos! Tienes riesgo de recibir, pese al cuidado que siempre pone la tripulación, golpes en las piernas. Para los inquietos o los que siempre necesitan ir al baño también es mucho más fácil moverse sin molestar a nadie.

Desafortunadamente hoy, salvo que pagues o seas un cliente Oro, elegir supone pagar un extracoste en la mayor parte de las compañías aéreas. Si no quieres pagar más, los algoritmos de las líneas te asignarán un asiento que, pese a la inteligencia artificial aplicada, normalmente no se ajustará a tus gustos.

En general, según las encuestas que realizan distintos operadores turísticos, entre los viajeros existe una preferencia mayor por la ventanilla. Lo que parece claro es que a nadie le gusta el asiento central. Claro, que si viajas en compañía ¿te sentarás al lado de tu acompañante, no?

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